El taxi rosa de El Cairo

Cada mañana Abir Hosni se pone al volante. Desde temprano hace carrera por las endiabladas calles de El Cairo, una urbe de 20 millones de almas. Su melena al aire es una revolución en un territorio dominado hasta ahora por la parroquia masculina. “Mi padre se asustó cuando le dije que sería taxista pero ahora es el primero que alienta mi trabajo”, confiesa Abir. El reloj marca las dos de la tarde y su turno acaba de concluir. La treinteañera, soltera y con una vida laboral labrada en agencias de viajes y tiendas de informática, pertenece al medio centenar de mujeres que trabajan en el taxi rosa, un servicio recién lanzado en la tierra de los faraones para combatir la epidemia del acoso sexual.

“Las clientes están muy contentas. Se sienten seguras. Usan nuestro taxi para ir al trabajo o recoger a los hijos de la escuela o la guardería”, explica la joven desde el cuartel general de la compañía, en el extrarradio cairota de Medinat Naser. Un tropel de empleadas, enfundadas en camisetas rosas, desfila por la polvorienta y destartalada oficina en cuya reforma aún trabaja un grupo de obreros. Reem Fauzi, una empresaria cuarentona curtida en el sector turístico, lleva la batuta del negocio.

El servicio nació como una necesidad de la sociedad. Tras la revolución del 25 de enero (las protestas que desalojaron del poder a Hosni Mubarak en 2011) crecieron la inseguridad y el desempleo. El taxi rosa ofrece a las mujeres un transporte seguro y crea puestos de trabajo”, replica esta licenciada en administración de empresas y madre de dos retoños ya crecidos.

La iniciativa le rondó la cabeza desde entonces pero solo fructificó en otoño tras obtener el plácet del Gobierno. Hoy su incipiente compañía emplea a 52 mujeres con edades que oscilan entre los 25 y 45 años y proporciona formación a otras 25, que -una vez acabado su paso por las aulas- se sumarán al proyecto. “Los únicos requisitos son ser licenciadas y haber conducido por El Cairo durante uno o dos años”, comenta la artífice del proyecto. De momento, los desplazamientos en taxi son solicitados únicamente por teléfono. Las clientes tienen que aportar previamente el carné de identidad para garantizar la seguridad de las empleadas.

“El siguiente paso en el que ya estamos trabajando es el diseño de una aplicación móvil que reciba las peticiones“, avanza Reem. La flota de vehículos está equipada con cámaras de vigilancia y un botón que puede detener los coches y enviar una alerta a la centralita en caso de emergencia. Se aceptan mujeres solas y familias pero los hombres sin compañía femenina están vetados.

A salvo de hostigamientos

La principal misión del taxi rosa es evitar las escenas de hostigamiento que sufren las usuarias de los tradicionales taxis negro y blanco que circulan por la megalópolis cairota. Un estudio publicado por ONU Mujeres en 2013 reveló que el 99,3% de las encuestadas ha padecido acoso en zonas públicas. “No todos los taxistas varones son acosadores pero muchas mujeres se quejan del comportamiento de algunos. Hay quienes colocan muchos espejos orientados a los asientos traseros para no quitar ojo a las jóvenes que suben a su vehículo. Y si descubren que es extranjera, la atosigan preguntándole a que se dedica o si vive sola”, agrega la fundadora que ha reconvertido su agencia turística en un nuevo servicio para sus castigadas compatriotas.

Desde que asomara por las abarrotadas arterias de El Cairo, el taxi rosa ha suscitado reacciones dispares. “Algunos hombres y mujeres se han burlado de nuestro trabajo. Dicen que las mujeres no sabemos conducir”, admite impasible Abir. “Los taxistas -apostilla- ya se han acostumbrado a nuestra presencia y son muchos los que se alegran”.

La medida, en cambio, ha sido recibida con frialdad por algunas de las organizaciones que han batallado en los últimos años por erradicar la lacra del acoso. “No estamos de acuerdo. Es trasladar el esquema que ya funciona en el metro de El Cairo, donde existen vagones para hombres y mujeres. La segregación no va a solucionar el problema”, señala a este diario Fathi Farid, coordinador de“Shoft Taharosh” (Vi acoso, en árabe), un movimiento que patrulla las calles durante las festividades para denunciar y abortar incidentes.

“Otro inconveniente es que este tipo de servicios no llegan a toda la población ni alcanza las callejuelas de los barrios más populares”, apostilla el activista. A pesar de las críticas, el taxi rosa no es la única iniciativa nacida en las últimas semanas para tratar de mitigar un fenómeno desbocado que ni siquiera ha podido controlar la legislación aprobada en 2014 para endurecer los castigos y perseguir a los acosadores. A finales de diciembre la ciudad de Damanhur -plantada en el populoso delta del Nilo- estrenó el primer autobús exclusivo para féminas atendiendo a las quejas de las usuarias que se negaban a tomar vehículos atestados de varones en horas punta. Desde la sede donde se fragua el taxi rosa, Reem no alberga dudas del éxito de un invento urdido para esquivar a los los hombres que no quieren a las mujeres. “Claro que tiene futuro. Hay padres preocupados por la seguridad de sus hijas y mujeres que bajan a la calle solas. Son ellas las que nos necesitan”.

Fuente: El Mundo | FRANCISCO CARRIÓN

2017-02-20T12:48:59+00:00 24 Febrero 2016|Sin categoría|0 Comments

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